
Un equipo de investigadores del Masachusset Institute of Technology ha conseguido crear un proceso que permite usar nanotubos de carbono como electrodos para baterías de litio aumentando el aprovechamiento de la energía acumulada y mejorando la velocidad de carga y descarga de la batería. La investigación está liderada por la doctora en ingeniería Paula T. Hammond y la doctora en ingeniería de materiales Yang Shao-Horn, que trabaja como profesora asociada en un laboratorio de energía electromecánica del prestigioso centro universitario.
Los esfuerzos del MIT para sacar partido a los nanotubos de carbono están dando sus frutos en la producción de energía -como ya comentamos hace algunos meses- y ahora han conseguido usarlos para almacenar esa energía. Su batería hace que los electrodos de litio se muevan a mayor velocidad ente los electrodos creados con los nanotubos, generando diez veces más energía que una batería convencional. El nuevo descubrimiento ha sido presentado a la comunidad científica a través de un artículo en la revista;; Nature Nanotechnology y declaraciones a otros medios, que han producido elogios como los del doctor Nicholas Kotov -profesor en la universidad de Michigan- que ve en el proyecto de Hammond una prueba de la importancia de diseñar los materiales a nivel nano para conseguir un mayor efectividad en el funcionamiento de los materiales.
Algunas de las aplicaciones inmediatas de este tipo de baterías están orientadas hacia la industria de los automóviles eléctricos, que precisan baterías que no se agoten fácilmente pero que sean capaces de almacenar una elevada cantidad de energía para aumentar la autonomía de los vehículos. Otra de las posibles aplicaciones está en la carrera espacial, puesto que estas nuevas baterías permitirían a las naves espaciales almacenar más energía -tanto cargada en origen como recargada gracias a dispositivos de recarga mediante energía térmica o solar- y poder afrontar así periodos más largos de funcionamiento autónomo.












