
Hace unos meses anunciamos el interés del gobierno norteamericano por dejar en manos de iniciativas privadas determinados aspectos de la carrera espacial, para reducir gastos en la partida presupuestaria destinada a la NASA. Uno de los nombres que suena con más fuerza cuando se habla de la empresa que tendrá un papel predominante en esta iniciativa conjunta público-privada es SpaceX que, compitiendo codo con codo con Bigellow Enterprise, busca convertirse en el servicio principal de transporte de astronautas a la órbita terrestre.
El coste de mantenimiento y los fallos de seguridad de los transbordadores usados por la NASA han hecho que se cancele su uso a partir del 2011, oportunidad que puede ser utilizada por SpaceX para convencer al Congreso de los EEUU de la viabilidad de su producto.
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